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Notas

Blog EntryApr 29, '06 8:37 AM
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Caminar por las calles se va convirtiendo en un ejercicio de reminiscencia. A cada rato me cruzo con rostros de personas a quienes les he leído las cartas, personas que son flashes, trozos de historias y anécdotas.

Anécdota significa “algo que no ha sido escrito”. A veces me siento como un cazador de anécdotas, y que mi trabajo consiste en abatirlas, coleccionarlas y catalogarlas, para disfrutarlas luego, exhibidas en los anaqueles de mi memoria, o mostrarlas a quien no tiene tiempo de cazar. Una especie de taxidermia narrativa.

Camino por las calles y el ojo se me llena de retazos. Una señora argentina que vino a verme se puso a llorar cuando le ofrecí ayuda para subir un escalón. “Usted sin duda es un vidente -me dijo- ¿Cómo supo que yo estoy mal de la rodilla?” y yo no tuve el valor para decirle que la vejez se le notaba más allá de las rótulas. La esposa de un capitán de barco, que se pasa seis meses navegando y luego gasta todo ese dinero en arte tibetano del siglo XV. Esos demonios negros, pintados por manos que ya están muertas, le quitan el frío del agua salada. Una turista danesa cuyo hermanito se robaron los gnomos. Una mujer seca de tanto llorar a quien en las cartas le aparecía un niño muerto, fallecido hacía dos semanas; y su marido, al que en las cartas se le notaba cuán poco todo eso le importaba. Una mujer rica que quería abortar sin que el marido se enterase. Una lesbiana que me leyó la mano a cambio de mis cartas. Una psíquica sorda que leía mis labios. Un hombre sin el dedo índice a quien le alegré el día, y otro cuyas ilusiones atemorizaban a su esposa. La manager de Jeniffer López. Un viejo que buscaba en las cartas una idea para el final de su novela.

Escuchar es apretar el gatillo.

Blog EntryApr 29, '06 8:36 AM
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En 1690 sucedieron dos cosas que llaman por igual mi atención.

En 1690 Marie-Catherine D’ Aulnoy incluyó “La isla de la felicidad”, un cuento de hadas, dentro de su novela “Histoire d’Hippolyte”, generando una moda que resultaría en la configuración de los cuentos de hadas tal como los conocemos hoy. De 1690 es también el mazo de cartas para decir la fortuna más antiguo que se conoce.

Hoy en día muchos coinciden en afirmar que los primeros cuentos de hadas fueron un fenómeno de intención feminista y corte pagano, promovido por las damas de la alta sociedad francesa desde sus tertulias, en un afán por oponerle a los mitos cristianos predominantemente machistas un universo de criaturas femeninas con poderes fantásticos, capaces de alterar el curso de la historia. En los cuentos estas damas soñaban el poder que en la realidad no tenían. Estas tertulias se convirtieron en verdaderas competencias de ingenio, donde las historias se pulían y ensayaban con tal vehemencia que los resultados comenzaron a parecer merecedores de ser puestos por escrito. Así, los relatos orales que durante siglos hicieron las delicias del hombre común se depuraron como entretenimiento hasta alcanzar su forma impresa.

En los mismos salones, la cartomancia, otro reto ideológico a los dogmas de la iglesia y otro evento que hasta hoy día se define primordialmente como “cosa de mujeres”, ganaba fuerza como pasatiempo.

Me resulta extremadamente tentador establecer un paralelismo entre ambas cosas. Primero, porque el futuro es siempre un cuento y predecirlo no es más que cortar a la medida una utopía. Segundo, porque siempre que los cuentos mantengan alerta nuestra capacidad de maravillarnos, su efecto revelador se probará indispensable a nivel material y espiritual. Cuando los cuentos nos ayudan a imaginar visiones alternativas de la realidad, se convierten en palabras mágicas que oponerle a este mundo para transfigurarlo, para combatir el miedo con ingenio y cambiar el curso de los acontecimientos, creando una realidad más favorable.

Eso, y no el número correcto de la lotería, es lo mismo que puede esperarse de las cartas.

Blog EntryApr 29, '06 8:36 AM
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Convertirse en Ser Humano es un arte. “Mensch werden ist eine Kunst”. Novalis lo escribió, Hesse se pasó vida y obra transcribiéndolo y Beuys lo vivió a plenitud.

El hombre era un artista. Tenía mirada de águila y la boca como si se hubiese pasado la vida chupando limones.

Las cartas indicaron una enorme disposición a trabajar con niños o causas nobles y que este era el momento exacto de extender su talento para mejorar la vida de otros. Le dije que “magia” era la capacidad de reconocer nuestro propio poder creativo y qué él estaba listo para compartir el suyo.

Me dijo que nada de eso le importaba. Qué él lo que quería era conocer a Madonna, que la diva viese sus cuadros y lo hiciese famoso. Que si eso salía “ahí”.

Lamenté que la tinta de mis cartas no fuese venenosa.

Blog EntryApr 29, '06 8:35 AM
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Mientras merodeaba los anaqueles de Barnes & Noble llamó mi atención un libro sobre animales fantasmas. Cuando iba a tocarlo apareció una vendedora, solo para recomendármelo encarecidamente. “Mucha gente no cree en esas cosas me dijo- pero yo misma tuve una experiencia. Después que a mi gato siamés lo pusimos a dormir, porque estaba muy viejo, yo seguí sintiéndolo en mi cuarto, ocupando sus lugares favoritos, y una noche, incluso vi cómo una parte de mi cama se hundía, como cediendo al peso del gato, justo donde a él le encantaba acostarse. Eso fue hace años y aún hoy me estremece.”

Desde tiempos de los egipcios se ha tenido al gato como un ente conectado con la divinidad. Un dios, un guardián del mundo del espíritu, y un animal dotado con el poder de ver más allá de lo evidente. El gato puede ser un guerrero temible, pero sólo luego de haber considerado por un buen tiempo la situación frente a si. Entonces ataca y es letal. El gato nos invita a pensar antes de actuar, y a ser certeros. Para las civilizaciones antiguas el gato fue siempre un amigo. Las cartas europeas recogen la tradición satanizante del cristianismo y asignan al gato el concepto de Falsedad. Un gato sospechosamente sentado frente a un anaquel abierto, o enfrentándose contra una serpiente mientras sostiene un pájaro en la boca, en un duelo irresoluble.

Revisando aquí y allá, son muchos los relatos de gatos que vuelven de la tumba a ronronearle a sus dueños. Tal como en vida, sólo se echan allí, mirando esta vez desde el otro lado del espejo. ¿Habrá también en el más allá alguien que se pregunta “qué será lo que mira este gato”?

Blog EntryApr 29, '06 8:34 AM
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La diferencia entre el rostro del viejo estando serio y transfigurado con una sonrisa era colosal. Me dijo que había sido modelo en la época en que aún el tren era el método más rápido de viaje, y que su vagón-cama le fue siempre atractivo a las chicas de entonces.

Las cartas indicaron que tenía una enamorada. Me dijo que sí, una viuda rica se había mudado al lado suyo y lo pretendía pero “es tan fea que no me atrevería a darle ni un besito”.

Luego me habló de sus amigos: Primero estaba Sam, que murió el mes pasado, con el que no se hablaba desde su último cumpleaños. “Me invitó a una fiesta en su casa, le compré un regalo, fui a su casa, él abrió la puerta, me quitó el regalo y la cerró de nuevo. Ahora está muerto”. Luego estaba Jackson, Jackson Pollock, a quien frecuentó en un bar de aquí cerca: “Yo sólo me acuerdo de él en el suelo, inconsciente. Siempre estábamos borrachos. De Kooning siempre estaba acostado a su lado. Ahora están muertos.“

Me dijo que ahora nadaba una vez a la semana porque era gratis para los viejos, en esta ciudad que no te cobra por disfrutar de la vida cuando ya no queda casi vida que disfrutar.

Él se hubiese quedado hablado para siempre, pero yo me tenía que ir. Se despidió guiñando un ojo y diciéndome: “Yo debería ser judió ortodoxo ¿sabes? El problema es que estoy loco.”

Blog EntryApr 29, '06 8:34 AM
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El problema más grande que tengo en estos días es que mis hijos están convencidos de que puedo sacarles juguetes de las orejas.

Cuando caminamos en la calle, ambos se pelean por tomar mi “mano mágica”, la mano en la que tengo mi anillo con la estrella de cinco puntas, el pentagrama que los hombres han estado dibujando desde hace 6000 años. Luego se plantan frente a mi y preguntan: “¿Puedes sacar algo de mi oreja?”. Comenzamos con cosas pequeñas, una espadita o un hacha para sus guerreros de Playmovil, peticiones fáciles de complacer. Pero sus demandas se han ido haciendo más desorbitadas y ahora describen los barcos, castillos o dragones que esperan con fe inquebrantable ver salir de sus tímpanos.

Blog EntryMar 29, '06 7:13 PM
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La última mujer barbuda del Siglo Veinte era republicana y asmática.

El respetado naturalista francés Constantin Samuel Rafinesque rompió el violín favorito de James Audubon al usarlo para matar murciélagos. En venganza, Audubon le describió una serie de peces "típicos" del río Ohio, como el pez antibalas, de cuya piel se extraen los chalecos que usa la policía. Rafinesque tomó como serios los inventos de Audubon y los incluyó en su Ichthyologia Ohiensis, volviendo locos a sus colegas ictiólogos y ganándose luego las burlas de la comunidad científica.

Hace 33.000 años alguien pintó en una cueva de Alemania la imagen de un hombre transformándose en león. Los Berserkers, guerreros del norte de Europa, se metían dentro de pieles de oso para ir a la guerra arropados por el frenesí de la bestia. Aquellos shamanes-monstruos eran aterradores. Muchas amas de casa se ciñen un cinturón de piel de lobo para ir a buscar carne al bosque, carne que luego sirven en exquisitos guisos a unos maridos que no sospechan nada. Son mujeres ejemplares, a diferencia de las japonesas. A veces uno ve a una japonecita linda y resulta que es un zorro disfrazado, que tarde o temprano te traicionará.

El dueño de la sombrerería Zaniboni, en Reggio Emilia, Italia, recibe desde Irlanda cortes de Tweed Irlandés que luego ensambla en sombreros de invierno, a los que cose orgulloso su etiqueta. Vanessa mi esposa compró uno de esos sombreros y lo trajo a Nueva York para que yo, un venezolano, me cubra la cabeza del frío. Un sombrero ensamblado con el aliento de medio mundo mantiene caliente este montón de cachivaches que guardo en mi cabeza, inútiles pero imprescindibles.

Blog EntryMar 29, '06 7:12 PM
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En las Sibillas, y en tantos otros mazos europeos como el LeNormand, el Biedermeier o el Zigeuner, hay una carta con un perro que usualmente se asocia a la fidelidad. Pero el hombre frente a mi tenía otra historia que echar respecto al perro.

“Mi hermana tiene una casa en Irlanda, y un día un plomero fue a repararle unas tuberías. El plomero le contó que él una vez vio a una Banshee”.

La Banshee es la versión irlandesa de La Llorona, un llanto agudo que se escucha en las noches, presagiando la muerte de alguien, que a veces toma la forma de una mujer espectral y a veces la de un perro negro.

“El hombre vio a este perro negro, la Banshee, caminando hacia la casa de su mejor amigo, tomó su escopeta y le disparó, pero apenas le rozó el hombro. Su amigo murió al día siguiente”.

Traté de convencerle de que el perro en la Sibilla era de otro tipo, un guía amistoso que sólo vendría del más allá para prevenirnos o salvarnos de algún peligro, pero que en general podría tomar la forma de un amigo o pariente cercano, alguien confiable, perteneciente al mundo tangible. Pero el mundo que percibimos es el mito que vivimos. Algunos viven su propio mito, el resto vive el mito de otro, y aunque podemos escoger qué mito vivir, no podemos vivir fuera de los parámetros de alguna mitología personal o grupal. La voz que habla a través de las cartas es la misma que da aliento al mito de origen de cada cultura, y se recrea a nivel individual en los cuentos populares. Así nos hacemos un mapa del mundo que conocemos, aquel que somos capaces de ver.

Para aquel hombre el perro de mi carta era un demonio, y no hubo manera de que aceptase lo que yo consideraba una buena noticia sin mostrarle los dientes. No pude más que pensar que tal vez lo mismo le pasó a ese perro negro que recibió un escopetazo en Irlanda, confundido con una Banshee.

Blog EntryMar 29, '06 7:10 PM
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La Ligereza, el Enemigo, la Fidelidad, Gran Consolación, Consolante sorpresa, la Amante, la Doña Casada, Belvedere, Himeneo, la Joven, Amor, la Estancia, el Ladrón, el Letrado, la Desgracia, el Mercader, la Vieja Señora, la Prisión, el Amante, la Carta, Suspiro, Doctor, la Constancia, el Gran Señor, el Enfermo, Regalo de Piedras Preciosas, Muerte, Alegría del Corazón, la Muchacha de Servicio, el Domèstico, el Delirante, Falsedad, Mensajero, Dinero, Viaje, Desesperado por los Celos, el Pensativo, el Viudo, la Alegría, Militar, Casa, la Soberbia, Melancolía, Sacerdote, la Reunión, el Niño, la Amiga, Tristeza, Fortuna, la Conversación, la Enemiga y Esperanza.

Esas son las cartas en mi Sibilla Originale. En la Sibilla 800, dibujada por Luigi Scapini, el Literato se transforma en Artista, y el verso que acompaña a la figura de este señor con aires de naturalista darwiniano, sentado frente a un escritorio y dibujando un círculo rojo en un cuaderno, dice:

“pio essere L’Artista un letterato
un guidice imparziale uno scienziato?”

A uno no le queda más que desear que así sea.

Me quedo mirando mi Sibillas, cartas que hablan de tener tiempo para sentarse a conversar, a almorzar, hacer sobremesa y tomar café; un canto de sirenas irresistible en esta ciudad en la que la gente se precia de alimentar el alma echándole peso a los bolsillos.

Cada carta corresponde a una de las habituales cartas de póquer, a la que ha sido agregada una imagen que busca acrecentar su impacto emocional. Tanto las Sibillas como los llamados mazos gitanos que se usan en Austria, Alemania, Hungría, y buena parte del Este de Europa, basan su imaginería en la cotidianidad y el folklore.

En cartas como La Esperanza uno puede encontrar trazas de Spes, la diosa romana de la agricultura. El perro en la Fidelidad nos remonta a la domesticación de los primeros canes 10.000 años atrás. El pavorreal y su soberbia nos recuerda las fábulas de Esopo, y la mitad de las cartas vistas en sucesión nos dan la sensación de un paseo por el barrio. Todos los personajes de Moliere, de Quevedo o de Shakespeare están allí, los mismos que en sus innumerables permutaciones representan las posibles circunstancias de la existencia humana.

No en vano hay quien dice que leer la Sibilla es leer la vida misma.

Blog EntryMar 29, '06 7:09 PM
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La historia de cómo conseguí mi Tarot del Mantegna es perfecta para explicar la relación de mi familia con esta ciudad. Lo encontré en la calle, abandonado en las escaleras de un edificio en la calle 12, cerca de la Sexta Avenida. Estaba allí, convertido en basura, como parte de un botín que era sin duda producto de la empacho de algún adicto al New Age: un Tarot Rider Waite y un Robin Woods, un par de libros de astrología y una pantera negra de peluche.

Desde que nos mudamos aquí la calle ha sido fuente inagotable de regalos. Un globo para Emilio de la mano de un panadero italiano, una vaca de juguete obsequiada por una mesonera, un policía montado que ofrece su caballo para acariciarlo y la señora excéntrica que aporta entonces la zanahoria de rigor; o el suspiro de la top model que cruzando en bicicleta se me quedó mirando hasta casi chocar. La ciudad es infinita a la hora de obsequiarnos visiones, cuentos y cosas.

Las cartas estaban intactas. Sólo la caja acusaba un poco de maltrato. Tomé el Tarot del Mantegna, dejé los otros dos allí para cualquiera que viniese detrás, y no pasó mucho tiempo luego que re-emprendí mi camino, cuando vi cómo el camión rojo y abollado de un plomero me pasaba con la pantera de peluche atada orgullosamente al guardafangos.

Lo mejor que tiene esta ciudad es que permite a cada quien escoger sus tesoros.

Blog EntryMar 29, '06 7:07 PM
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Lo que me sucedió hoy no tiene nada que ver con cartas, ni magia.

En la esquina de la Sexta Avenida con West 10th Street se encuentra un edificio a caballo entre lo hermoso y lo macabro, que sirvió como juzgado y cárcel de mujeres, pero hoy en día es la biblioteca pública. Está rodeado por un jardín bucólico, tiene una torre a la inglesa con todo y su reloj, y para transitarlo de arriba a abajo hace falta moverse por infinidad de escaleras de caracol aunque hay, claro está, también un ascensor.

Un amigo mago que a veces hace shows allí para los niños me contó que aún hoy en día el sub-sótano está lleno de las cadenas y artefactos de los que hace siglos se usaban para contener a las desafortunadas que infringían la ley.

Desde que descubrí que mi bolsillo no estan extenso como mi capacidad de lectura voy a esa biblioteca casi todos los días.

Estando hoy allí me tropecé con un gordo minusválido montado en una especie de cohete de cuatro ruedas, que me una punta a la otra de la sala comenzó a gritarme: “¡Hey Mickey!” “¡Mickey!”, mientras se acercaba a toda velocidad. El hombre estaba convencido de que yo era Mickey Rourke.

Le expliqué que yo no era Mickey Rourke, y él me dijo “¡Pero deberías serlo!”, y continuó siguiéndome con su andar a baterías por toda la F, la G, la H y la I de Ciencias Naturales, enumerando la cantidad de chicas que podría conseguir si me hacía pasar por Mickey Rourke y el sin fin de posturas sabrosas en que podría ponerlas.

Corrí a la sección de biografías y el gordo aceleró detrás de mi. En la sección de Misterio todo parecía estar perdido, así que decidí jugarle sucio y tomé las escaleras creyendo que así me libraría de él, pero como en un cartoon de los 40's, al llegar abajo vi que el loco me esperaba con la mano en el joystic de su silla de ruedas, listo a voltear derecha o izquierda para atajarme.

Muchos reprocharán como un prejuicio contra los discapacitados el que no le haya dado un empujón. Tal vez tengan razón pero no pude hacerlo. No tuve el valor. Lo que sí hice fue una finta que le vi hacer a Pelé en un video y me le escapé por la izquierda cuando el hombre pensaba que yo iba a chutar por la derecha.

La entrada principal de la biblioteca tiene siete escalones hacia la calle. El gordo sólo podría salir por la salida especial y eso iba a tomarle un tiempo. Yo estaba a salvo, pero aún a la distancia le escuché gritar: “You are beautiful! Believe me! You are beautiful!”

Voy a tener que dejar de leer por unos días.

Blog EntryMar 23, '06 2:05 PM
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“Quiero transformarme a mi mismo en una especie de ser natural. Del mismo modo en que el conejo tiene orejas, yo quiero tener un sombrero. Un conejo no es un conejo sin sus orejas, así que yo pienso: ¡Beuys no es Beuys sin el sombrero!”

Es fácil dejarse obsesionar por la liebre tal como estaba Beuys, que llegó al punto de arrullarle al oído palabras secretas. Sin embargo, y aunque siempre uso sombrero, no me gustaría ser un conejo. Al transformarse uno en liebre le despierta a los otros el instinto canino.

El conejo es el animal del que más cuentos se ha escrito en la historia de las letras humanas y aunque no sabemos si el hombre es igual de importante en la narrativa coneja, no cabe duda que la fascinación es mutua. Cuando alumbramos un conejo en el monte y él se queda alelado, sus ojos rojos nos devuelven el encanto y podemos quedarnos congelados linterna en mano para siempre.

El sombrero de Beuys estaba hecho de fieltro, y el fieltro se hace de pelo de conejo amontonado. Podría decirse entonces que Beuys llevaba un conejo en la cabeza, así como hay quien lo lleva en el corazón. La liebre es el principal "shapeshifter" una palabra poderosa que indica a quienes pueden cambiar de forma a voluntad. Hadas, duendes, brujas, magos y todas las empleadas de Hugh Hefner tienen predilección por la liebre a la hora de salir en sus andanzas nocturnas transfigurados en un ser natural, tal como quería Beuys.

Tal vez por eso el conejo se ha tomado tan en serio aquel comando bíblico de “Poblad la Tierra”.

Puesto que llevar una pata de conejo en el bolsillo trae buena suerte, tener cuatro en la vida real es peligroso. Cuando el hombre se convierte en liebre asume ciertos riesgos y debe andar con cuidado de no terminar en una trampa, o en un guiso, o emergiendo sorprendido del sombrero de un mago. Saltar de hombre a conejo y de conejo a hombre puede ser más o menos fluido, dependiendo del hombre, del conejo y del salto. A veces descubrimos a un hombre-liebre por algunos rasguños o una cojera inexplicable, clara prueba de que la persona en cuestión se tropezó con un perro la noche anterior. Otras veces intuimos un espíritu saltarín de alguien en su sonrisa partida por el labio leporino.

De África vino convertido en esclavo un tío conejo que en Sudamérica encontró el rival de su ingenio en la fuerza del jaguar y en Norteamérica en el coyote. En nuestra mente ese conejo se transformó en el alivio que viene con todos los cuentos y en la cabeza de Tex Avery se convirtió en Bugs Bunny; un conejo artista y bufón que nos susurra al oído caprichos secretos, tal como Joseph Beuys.

Blog EntryMar 23, '06 2:04 PM
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Un individuo al que leí las cartas me propuso ir a leerlas en una fiesta que los organizadores del Gay Pride Parade daban en un barco, ida y vuelta por las riberas del Hudson. El hombre era uno de los organizadores. Sonaba como una buena historia y acepté.

Llegado al día estuve puntual. En la entrada del muelle un moreno más ancho que alto me dio paso enseguida cuando le dije que yo era el cartomántico de la noche. Primero pensé que probablemente no había entendido lo que quise decir y me dejó pasar para no parecer ignorante, pero viéndolo bien, los porteros deben parecer ignorantes para ser peligrosos, así que no estoy seguro. El caso es que abordé mi barco, uno de esos vapores que recuerdan los casinos flotantes del río Mississippi, y me encontré con que había caído en una trampa. Había fiesta, pero nadie me esperaba. Nadie si descontamos a mi anfitrión, claro está, que prácticamente levitaba de tanto agitar las pestañas. Comprenderlo todo y ver el puente separarse del barco fue simultáneo.

En una situación normal habría hecho lo de siempre: pensar insistentemente en un zorro para volverme “invisible” y salir por la puerta principal sin que nadie lo notase, pero la idea de chapotear en el Hudson no me resultó plácida, así que decidí ponerle al mal tiempo, y a mi captor, buena cara. Después de todo, eso es lo que habría hecho Bugs Bunny.

Me fui al bufete y me apertreché tras un bandeja de arroz con pollo que debe haber venido de algún lugar descrito en el Nuevo Testamento, porque afortunadamente no se acabó nunca.

Blog EntryMar 23, '06 2:03 PM
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Hace poco volví a ver al Payaso Desconocido, un individuo al que cualquiera puede tener la suerte de invitar un café en algún snack-bar del midtown de Manhattan, por donde deambula contando su verdad a quien quiera escucharle.

Al payaso desconocido uno no le lee las cartas. Le invitas un café y él es quien habla.

Su madre murió dándole a luz, hará cincuenta años largos, y hasta que cumplió los diez era el saco de boxeo de su padre, no en un escenario a la manera de Buster Keaton, sino en raptos de violencia doméstica que lo hicieron tomar la calle como hogar en cuanto pudo. Allí durmió de parque en parque hasta que un cura le rescató de aquella vida ofreciéndole la posibilidad de estudiar. ¿Y qué decidió estudiar él? Pues nada más y nada menos que el arte de ser payaso.

Su benefactor movió cielo y tierra hasta hacerle tomar el examen para la escuela de payasos del “Ringling Bros. Circus”, en Sarasota, un test muy exclusivo que poquísimos lograban pasar. El Payaso Desconocido, listo a darse a conocer, aprobó y se graduó con honores, convirtiéndose en el cómico de oro de la escuela, develando gags y rutinas fantásticas a las que de inmediato el Ringling comenzó a dar uso. Lo que no sabía nuestro payaso por no haber leído la letra pequeña, era que todas sus ideas pertenecían ahora al “Ringling Bros. Circus”, pues eso decía el contrato que había firmado al hacerse parte de la escuela y de la troupé. Enfurecido abandonó las pistas y las risas, para perderse en el hormiguero newyorkino de personajes anónimos.

Esta es sin duda una historia triste, pero cuando le pregunté qué había de cierto en ese cliché del payaso que ríe por fuera y llora por dentro, dijo: “¡Para nada! siempre estábamos felices, pues antes de cada acto rellenábamos nuestras narices rojas de cierto ‘polvillo blanco’”...

Blog EntryMar 22, '06 2:37 PM
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Hoy una mujer vio la carta del Árbol junto a la de la Guadaña y me dijo que eso era porque ella se iba a suicidar. Era atractiva. Tendría al rededor de 50 años, cabello corto y un deseo enorme de que alguien le ofreciese ayuda sin ella pedirla. No sé por qué para tantas mujeres la lista de atributos del hombre perfecto incluye ser telépata. Sin embargo, ella no estaba aquí para que yo fuera perfecto, pero sí esperaba que supiese de antemano sus tormentos. Por eso se molestó cuando le dije que esas combinación de cartas también estaba llena de asociaciones positivas. Igual, yo sabía que no había caso. Las cartas son lo que vemos en ellas y si ella veía un suicidio, era porque pensaba suicidarse.

Había más cartas y mejores augurios en la mesa. Sin embargo la comunicación estaba rota. Se levantó, se despidió secamente y me dijo que tal vez volvería luego. No tuve que leerle la mente para saber que mentía.

Blog EntryMar 22, '06 2:35 PM
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Hoy me llamó un hombre al que le leí las cartas la semana pasada.

“Oye, ¿tú no sabrás qué significa ver un dragón?”, preguntó.

Resulta que tras haberme visto el otro día, este hombre salió de mi casa y en Union Square se encontró a un malayo que vendía dragones de papel. Tras mucho regatear consiguió que el vendedor le regalase una bestia alada, plegable, que acomodó sin esfuerzo en su maletín. De allí corrió a un cyber café donde las máquinas no parecían estar de humor para tratar con él, pero en medio de su desesperación apareció una rusa, una chica recién llegada a Nueva York pero habituada a la tecnología que se detuvo a ayudarle por un buen rato.

Cuando él ofreció compensarla la chica se ofendió. “Yo no soy de esas” le dijo, pero perdió el habla cuando el sujeto sacó del maletín una bola de papel que se abrió como un saurio fantástico en la palma de su mano.

“La dejé con la boca abierta y me fui. ¿Qué iba a hacer yo con un dragón?”

Aquella bestia de papel había sido un talismán que mi amigo había recibido tan oportunamente como lo había entregado, parte del juego, caso cerrado. O tal vez no....

“La cosa es que ayer alguien me regaló una camisa, y cuando la abrí, vi que tiene un dragón rojo. Yo no la quiero. ¿Qué hago yo con ella?”

“Lo primero es preguntarte por qué no quieres, o no necesitas, al dragón”, le dije. “Luego, si de verdad no quieres la camisa estate atento. Ya aparecerá otro ruso”.

Blog EntryMar 22, '06 2:34 PM
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El otro día estando en la cocina vi por la ventana a mi vecina desnuda. Como vive un piso más abajo que yo, el borde superior del marco de la ventana cortaba exactamente en su cuello. Pude verle todo menos la cara. Tenía el cuerpo joven, impoluto, y un vaso en la mano. El vaso era azul, corto, de vidrio traslúcido. Ella lo sostenía casualmente, pero mientras le vi, el tiempo que dura una paila de agua en hervir, nunca se lo llevó a la boca.

Imaginé que el vaso sólo estaría caliente en los puntos exactos donde los dedos hacían contacto con el vidrio, porque la mañana era fresca como para estar erizado y aún no habían encendido la calefacción. Pienso que estaba lleno de agua, tal vez al tiempo porque no se le notaban gotitas por fuera. No pude ver si en verdad tenía algo dentro o si ya estaba vacío y mi vecina había olvidado que lo tenía en la mano. Ella no era lo suficientemente cuidadosa como para hacerme pensar que estaba lleno. Por el modo en que se quedó parada allí pienso que toda su concentración la había enfocado en propia desnudez.

Ahora cocino con un ojo puesto en la ventana y miedo de quemarme.

Blog EntryMar 22, '06 2:34 PM
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Más arriba del Museo de Historia Natural hay una tienda de huesos: Maxilla & Mandible. Una tienda que vende los restos de cualquier clase de ser viviente.

Yo estaba allí por otras razones (siempre hay una buena razón para entrar a un lugar así) cuando llamó mi atención un diente de oso. Un colmillo con pátina ámbar de unos doce centímetros de largo. había pertenecido a un oso de las cavernas, uno de esos animales enormes que habitaron la tierra en el pleistoceno, tres veces más grandes que un oso actual, y de los que se sospecha proviene uno de los cultos más antiguos del planeta: el culto al oso celebrado por el hombre de Neandertal.

El objeto era especial aunque relativamente común. Europa está llena de cuevas tapizadas con huesos del Ursus spelaeus. Sólo en una cueva austríaca se encontraron los restos de 30.000 osos. Tal como los hombres, estos osos vivian en cuevas y se aglomeraban a hibernar en ellas durante el invierno, pero al parecer muchos de ellos no llegaban a la primavera siguiente. Las cuevas se convertían en tumbas masivas que, siglos más tarde, pueden haber dado origen a la idea de los dragones: monstruos dentados guardando celosamente el interior de una gruta.

Este ejemplar que vi, un fósil de 80.000 años de antigüedad, provenía de Rumania, que para muchos es el "país del oso". Aún hoy en día los Cárpatos están llenos de estos animales, a los que el dictador Ceasescu usaba para practicar tiro al blanco, hasta que alguien decidió usarlo de blanco a él.

No pude resistir y lo compré. No lo tenía planeado, no fui allí a eso, pero resultó inevitable. Aquel pedazo de hueso tenía demasiadas historias adheridas: el culto a Artemisa y sus niñas osos, preparándose para el matrimonio al danzar con sus piernas peludas. El oso tonto que en Noruega perdió un duelo de ingenio con un zorro y terminó acribillado por avispas. El cuchillo hecho con quijadas de oso que los indios Blackfoot deben atajar en el aire para poseerlo, o morir en el intento. Los Berserkers y su éxtasis guerrero. Artos la diosa y Arturo el rey. El oso de las cartas que siempre previene de no dejarnos cegar por la sombra del poder. La mujer oso cuya vagina dentada devoraba a los indios hasta que un guerrero valiente la folló con un falo de piedra que le rompió los dientes. El oso monstruo, el oso shaman, el oso espíritu, el oso de peluche, el oso tótem.

Metí el diente en mi bolsillo y salí de la tienda. Al regresar a mi casa me esperaba el mensaje de una amiga, una mujer que vive en texas, mitad india, cartomance y curiosa.

El mensaje decía que acababa de tener una visión donde aparecía yo y detrás de mi, un animal peludo que me protegía. Ella pensó que era un perro, pero hubo algo que la hizo dudar, algo que llamó su atención: los colmillos enormes de la bestia.

Blog EntryMar 21, '06 7:23 AM
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Desde la primera llamada telefónica hasta el modo en que se despidió de mi en la puerta, tras la lectura, todo tuvo un aire de misterio.

A simple vista alguien políticamente incorrecto habría dicho que era “gorda”, pero tenía la cara hermosa y aires de Europa del Este. Pagó por que le leyera las cartas, pero en realidad habló ella. Era alta y sudaba de tanto hablar. Dijo que no quería que yo viera ningún detalle sobre ella en las cartas. Tenía una pregunta, quería una respuesta, y ya. El resto era asunto de ella. Habló, habló y habló, pero no dijo nada, excepto que su reloj de diamantes costaba 45.000 dólares, que se codeaba con príncipes, que en su mesa siempre había siete cubiertos y una limosina la esperaba afuera.

Recibió su respuesta, abordó su limosina y yo hice algo que no suelo hacer: metí su nombre en Google. La búsqueda me reveló otro tipo de ostentación: páginas y páginas virtuales repletas de links pornográficos presentando a mi clienta como máxima atracción, desparramada y desnuda, ofreciendo en sus piernas abiertas suficiente distracción para que nadie le hurgase los secretos del alma.

No abrí ningún link. No hacía falta. Ya las cartas me habían dado un retrato más exacto y menos crudo de la mujer, con menos pelos y más señales.

Blog EntryMar 21, '06 7:22 AM
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Cada vez que ando por Midtown, entre las calles 34 y 42, recuerdo a un amigo griego que describe esa área como “la axila de Manhattan”. En verdad aquello es una especie de Calcuta baja en calorías, tapizada de marquesinas baratas que deletrean todo el espectro de la obscenidad, desde la M de McDonald’s hasta la T de Tripe X. Yo tengo una relación amor-odio por Midtown, porque es inevitablemente horrible y sin embargo, la gente en las calles es amable.

Midtown está llena de edificios con los pies enlodados por la maraña de tarantines y vendedores, el estómago repleto de tugurios que tienen dentro a diez mil chinas cosiendo copias ilegales de carteras, y la frente en alto albergando oficinas serísimas; porque por una extraña paradoja el lugar más feo de Nueva York es también conocido como el Fashion District, donde la mayoría de las grandes firmas del diseño del mundo tiene sus oficinas corporativas.

En uno de esos edificios visité a un hombre, un diseñador de modas que trabaja creando accesorios para un par de firmas grandes. Llegue al final de la tarde, tal como acordamos, parte de la negociación de costumbre que prevé a la vez mantener la confidencialidad y dejar intacto el pudor.

Hablamos de esto y aquello, más largo de lo usual, y cuando llegó el momento de pagarme el hombre se excusó un minuto y entró en lo que yo hasta entonces había supuesto era un clóset. Estuvo un rato dentro y salió con dos chaquetas de cuero de mi talla. Las metió en una bolsa y me las dio. Aquello era infinitamente más que mi tarifa habitual, pero él no me dejó decir nada, me volvió a dar las gracias y me acompañó a la puerta.

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